Mucho se habla sobre el ego, que si es un mecanismo de la mente, que si debemos “trascenderlo”, que si es nuestro enemigo, etc. En realidad el ego, es un conjunto de todas aquellas creencias, programaciones, vivencias, situaciones, etc., que hemos vivido desde que nacimos y que opera, únicamente para “tenernos a salvo” aunque sea de una manera en que muchas veces nos aleja de nuestra propia felicidad.

Cuando nacemos, nuestro “ego” es completamente puro. Estamos más conectados a nuestra alma, a nuestra verdadera esencia. No tenemos ninguna programación ni creencias limitantes, ni miedos. Observa como se comporta un niño pequeño. Es totalmente puro e inocente, no le teme a nada, no conoce de peligros ni de enfermedades. No sabe lo que es competir, no conoce límites, carencia, crisis, miedos ni culpa, y todo aquello que los adultos tenemos ya instalado en nuestro cerebro. El niño solo quiere jugar, divertirse, amar y ser amado. No tiene consciencia del tiempo. ¿Recuerdas cuando eras niño? El tiempo era eterno. Además, si peleabas con otros niños, el enojo pasaba rápido y volvían a jugar, sin resentimientos ni rencores.

Pero conforme  fuimos creciendo nos fueron programando con “NO puedes”, “Eso NO está bien”, “Debes ser así”, “Te puede pasar algo malo”, “Ya no te quiero, niño malo”, “Eso que quieres ser no te dará de comer”, “El dinero no alcanza”, “Pórtate bien para que te quieran”, etc., etc., etc. Y aunado a eso, los miedos que fuimos adquiriendo sobre algunas situaciones: si sufriste algún accidente, si te quemaste o te caíste. También si viviste alguna situación en la que hayas sentido rechazo, o abandono, etc. Todo este conjunto de creencias y vivencias van dejando huellas y van formando una “personalidad” en nuestro ego, que ya de  adultos es la que nos rige. La baja autoestima, es consecuencia de un ego herido. Así que si queremos sanar todos esas heridas emocionales y cambiar esas creencias equivocadas, para poder transformar nuestra vida y liberarnos de todos los miedos que nos impiden cumplir nuestros sueños y autorealizarnos, debemos empezar por sanar a nuestro niño herido (ego) y volverla nuestro aliado.

Dejemos de ver al Ego como un enemigo a vencer y empecemos a llenarlo de Amor para sanarlo. Es nuestra niña o niño interior que lo único que desea es mantenernos a salvo, aunque de manera equivocada…

Sanar a nuestra niña, niño interior:

Debemos estar conscientes y aceptar que todas aquellas programaciones y creencias que nos han “grabado” desde pequeños, la mayoría no son verdaderas, o por lo menos, no para nosotras. Todas, absolutamente todas los seres humanos, tenemos un gran valor que no se mide ni por el estatus económico, ni la clase social o el color de nuestra piel. Tampoco por el nivel educativo ni por vivir en un país de “primer o tercer mundo”. No importa si eres chaparrito, alta, gordito, flaquita, rellenito etc., etc., Eso solo son etiquetas que nos hemos autoimpuesto.

Observa tus pensamientos. Cada vez que tengas un pensamiento limitante, o negativo, simplemente háblale a tu niña, niño y dile: “Se que lo dices porque no quieres que sufra alguna decepción si las cosas no salen como quisiera, o si piensas que no soy capaz de hacerlo. Pero vamos a intentarlo juntos. Vamos a esforzarnos juntos por lograrlo. Ese miedo que tienes, vamos a enfrentarlo y a superarlo”.

Quizá las primeras veces te resulte difícil porque puede ser que tengas baja autoestima. No importa, cuando le hables, imagina que se lo dices desde tu corazón, desde tu Alma (en realidad así es).

Trata a tu niño, niña interior con mucho amor, y como si fuera tu hijo (no importa si tienes o no). Recuerda que esa niña, niño interior de alguna manera eres tú y te programaron con mil cosas que no vienen de tu Verdadero Ser.

Escribe en un cuaderno afirmaciones positivas, como “Yo valgo mucho”, “Yo puedo hacer todo lo que me proponga”, etc.,. Recuerda que mucho de nuestros miedos ni siquiera tienen bases. Son miedos de alguien más (quizá de nuestros padres). Son miedos heredados. Lee esas afirmaciones cada vez que puedas.

Si vas a empezar algún proyecto y tu ego inmediatamente empieza a poner trabas para que no salgas de tu zona de confort, háblale de la misma manera, con amor. En un cuaderno, haz una lista de todos aquellos “peros” que el ego te pone. Abajo de esa lista, escribe todo aquello que lograrías si no existieran esos “peros” y léelos muchas veces. Lo mismo haz con tus miedos, y qué pasaría si los superaras.

Trabaja en ello cada vez que puedas. Verás que poco a poco, la voz de tu ego será positivo y en lugar de sabotearte, te ayudará en tu crecimiento. Tu autoestima se elevará y lo mejor de todo, tu niña, niño interior sanará.

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